Los hidratos de carbono son peores que las grasas


SALUD

Por qué los hidratos de carbono son peores que las grasas para el corazón

La reveladora afirmación la hizo a Infobae el médico cardiólogo argentino israelí Alberto Hendler. «Las nuevas indicaciones de la OMS sugieren reducir el consumo de harinas y azúcares para prevenir los procesos inflamatorios que éstos provocan en las arterias», aseguró

 

Los hidratos de carbono causan un efecto inflamatorio en las arterias (iStock)

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Comer sano


¿Por qué nos da sueño después de comer?

Sep 13, 2017 2:50 pm Publicado en: SaludTitulares

 Lo que ocurre en el cuerpo cuando da sueño después de comer ciertos alimentos (de elevado índice glucémico, como el pan) es que el cuerpo libera altas dosis de glucosa, y eso hace que reduzca sus niveles de atención y entre en un estado de aletargamiento, reseña Harmonia.

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lectura en la niñez es la base para la inteligencia


TENDENCIAS

Confirmado: la lectura en la niñez es la base para la inteligencia

Un estudio realizado por la Universidad de Edimburgo afirmó la idea de que la inteligencia no es una capacidad fija sino que depende de factores externos. Sus beneficios en la etapa adulta

los niños expuestos a leer tienen un mayor inteligencia como también puntuaciones más altas durante la etapa escolar

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Aprender rapido


 Cómo aprender en 2 días lo que te suele costar más de 6 meses.

    Tue, 23/05/2017 – 13:51

    La coartada de la falta de tiempo es una excusa previsible. Sin embargo, tal y como te contamos en un artículo anterior, bastan unas pocas horas, bien optimizadas, para lograr adquirir una nueva habilidad.

    Ya sea por nuestra curiosidad natural o porque necesitamos un nuevo conocimiento para nuestra carrera profesional, el principal obstáculo para aprender algo nuevo suele tener un claro culpable: nosotros mismos.

    La coartada de la falta de tiempo es una excusa previsible. Sin embargo, tal y como te contamos en un artículo anterior, bastan unas pocas horas, bien optimizadas, para lograr adquirir una nueva habilidad. Diferentes expertos en este campo inciden en que el secreto no reside en ponerse a leer libros como un loco ni en ver tutoriales hasta que los ojos se nos salgan de las órbitas. La clave reside en el así llamado metaprendizaje, es decir, en aprender a aprender bien.

    Benjamin Hardy es un experto en psicología y liderazgo que comparte tal opinión. En vista de la escasa reflexión que existe acerca de cómo optimizar el proceso para asimilar nuevos conocimientos, en su artículo ‘How To Learn In 2 Days What Normally Takes 6 Months’ nos presenta una serie de consejos para reducir de forma rotunda el esfuerzo necesario para ser cada día un poco más sabios. He aquí los más destacados:

    Sienta las bases

    Podemos saber adónde queremos llegar, pero conocer nuestra meta no significa, ni mucho menos, vislumbrar cuál es el camino que hay que seguir para alcanzarla. Tenemos, normalmente, una relativa certeza sobre los dos o tres primeros pasos que deberíamos llevar a cabo, pero lo que queda después puede ser un enorme vacío donde no es sencillo encontrar un rumbo seguro.

    Hay que crear, por consiguiente, una sólida base sobre la que construir nuestro aprendizaje. Tal apoyo se debería basar, según Hardy, en cuatro puntos definidos:

    •Márcate un primer objetivo claro.
    •Crea un plan concreto para alcanzarlo.
    •Selecciona con esmero las herramientas más adecuadas.
    •Genera a tu alrededor una buena estructura de apoyo, es decir, haz que tu familia y amigos comprendan y te ayuden, a ser posible, a lograr tu propósito.
    Si estas cuatro premisas se cumplen, tienes todo el campo abierto para poder dar tus primeros pasos con seguridad y motivación.

    Aprende con un propósito

    Solo aquellas personas interesadas en los aspectos lingüisticos suelen querer aprender un nuevo idioma por el mero hecho de aprenderlo. La mayoría de los que desean incorporar una nueva lengua a sus habilidades buscan una intención más práctica: viajar a un país que les resulta interesante, acercarse a una nueva cultura, leer libros o ver películas en el idioma original…

    Cuando definimos nuestro propósito definimos también nuestra motivación. La principal razón por la mayoría abandona un aprendizaje es porque ve el método, pero no el fin.

    Busca un buen profesor

    Ya fuera en la universidad o en las materias optativas del instituto, solíamos elegir las asignaturas en función de su nombre o de los contenidos que pensábamos que se iban a impartir. La desilusión era mayúscula cuando ese universo de conocimientos que parecía ‘a priori’ tan atractivo se venía abajo por culpa de un profesor desmotivado que se limitaba a impartir la asignatura como un hecho burocrático.

    El concepto de profesor va más allá de la persona. Un buen libro o un curso online pueden ser un magnífico maestro, sobre todo si ofrece el combustible que permite avanzar de manera rápida: “la motivación”.

    Cuenta, precisamente, Hardy su experiencia personal a la hora de buscar a alguien que le enseñase los fundamentos de programación que necesitaba para el negocio online que quería sacar adelante. Tras hallar a la persona adecuada, le bastaron dos días intensivos, viviendo en la propia casa de su profesor, para tener las bases de lo que les servían.

    Practica la inmersión

    El profesor, sin embargo, no es la única herramienta, y de hecho es bastante injusto cargar toda la responsabilidad del aprendizaje sobre él. Es fundamental, por ello, incorporar otros recursos que enriquezcan e incluso ofrezcan otro tipo de conocimiento.

    Siguiendo el ejemplo de los idiomas, mucha gente que ha viajado al extranjero reconoce que le han bastado un par semanas para haber aprendido más sobre la lengua de interés que dos años de lecciones en una academia. La inmersión supone adquirir el nuevo conocimiento en su contexto e implica una experiencia completa y tangible que se queda grabada con más facilidad.

    Repite hasta que se vuelva inconsciente

    En el libro ‘Zen en el arte del tiro con arco’ Eugen Herrigel cuenta la importancia que tiene para las disciplinas orientales la repetición de lo aprendido con el fin de interiorizar profundamente el trabajo llevado a cabo. Ilustra el autor que el propósito de esta arte no es conseguir acertar siempre en el objetivo, sino que el arquero y el blanco se vuelvan uno: “El arquero ya no es consciente de su yo, como un individuo cuya misión es acertar el blanco. Mas ese estado de no-conciencia lo alcanza solo si está enteramente libre y desprendido de su yo, si se aúna a la perfección de su destreza técnica“.

    Con la repetición se consigue así lo que Herriguel llama el “arte sin artificio”. Siguiendo la misma lógica, para lograr un saber profundo, Hardy aconseja progresar a través de la reiteración y no caer en la trampa de que una vez aprendido algo basta con pasar página y dejarlo en algún rincón de la memoria. La metáfora a seguir es la del jugador de baloncesto que empieza practicando numerosas veces desde la línea de tiros libres, para ir aumentando progresivamente la distancia e intentar encestar cada vez desde más lejos.

    Autoevalúa lo aprendido

    ¿Crees que has aprendido de verdad lo que querías saber? La evaluación es probablemente la fase más compleja del proceso, aquella sobre la que menos se ha escrito y sobre la que no hay métodos seguros. Si encima la valoración la tenemos que realizar nosotros mismos, la cosa se complica aún más. Con todo, en El Confidencial hemos hablado de una buena técnica de autoevaluación: intenta explicarte el nuevo conocimiento de la forma más sencilla posible. Si no lo consigues, o si a la hora de exponerlo te das cuenta de que existen lagunas, es que quizás la cosa necesita un repaso. Esto es lo que defendía el premio Nobel y profesor de física Richard Feynman

    En definitiva, cuando no conseguimos desarrollar la idea que nos interesa de modo que podamos explicarla con claridad, tenemos el indicador perfecto que nos señala que no la hemos interiorizado.

    Fuente: El Confidencial

    CC

    Tags:

    Memoria

    Categoria:

    Salud y bienestar

    Porque?: Costumbres de la sociedad./Docenas y decenas.


    Antes de la iluminación artificial, la gente solía dormir en dos tandas diferenciadas. Iban a la cama dos horas después del anochecer, se despertaban durante las primeras horas de la madrugada y volvían a dormirse. En ese intermedio, la gente aprovechaba para pasar tiempo con su familia, leer y, algunos, para tener sexo. Un manual médico del siglo XVI aconsejaba a las parejas que el mejor momento para concebir no era al final de una larga jornada de trabajo, sino después del «primer sueño”

    DOCENAS O DECENAS

    Doce son las constelaciones zodiacales, las tribus de Israel, los apóstoles… Lo cierto es que el doce era la base del sistema sexagesimal babilónico y de ahí el número de meses del año, de horas en el día –dos veces doce– y de minutos en una hora –cinco veces doce–. Por otro lado, el antiguo calendario egipcio se basaba en 36 estrellas que aparecían tras la puesta de Sol con el discurrir del año y, como doce de ellas se mostraban cada noche, ésta –y por extensión, también el día– fue dividida en otros tantos períodos.

    Asuntos mágicos aparte, es más probable que el uso popular de la docena hoy día tenga más que ver con el lenguaje mímico tradicional entre los mercaderes. Para éste, una mano con todos sus dedos sería igual a 6 –la mano en conjunto funciona como una unidad, y cada dedo, como otra (1+5=6)– y dos manos, igual a 12.

    http://www.quo.es/ciencia/por-que-se-cuenta-por-docenas

    ¿No sería mejor por decenas? ¿O por peso?

    Ahora estamos acostumbrados al Sistema Métrico Decimal, con base en el número 10, pero hasta 1871, cuando se adoptó en España, era habitual usar fanegas que contenían doce celemines, o libras de doce onzas. En Inglaterra —más conservadora— se usaron los chelines de doce peniques hasta 1970.

    La docena fue durante mucho tiempo uno de los sistemas de medida: un año tiene doce meses, el día doce horas y la noche otras doce. Incluso fueron doce los Titanes engendrados por Urano y Gea y también fueron doce los Apóstoles.

    La venta por peso queda descartada por la fragilidad de los huevos, así que hay que recurrir a la venta por unidades. Y ocurre que la docena era una medida de fácil fracción, lo que permitía comprar media docena, un tercio de docena, una cuarta de docena y hasta una sexta; lo que nos proporcionaría seis, cuatro, tres y dos huevos. Podríamos seleccionar media decena de huevos, pero ¿cómo haríamos para seleccionar un tercio, una cuarta o una sexta? ¿Rompiendo los huevos?

    Tal como hacemos con los huevos, hubo un tiempo en que muchos artículos se adquirían por docenas y que se adocenaban en los almacenes, esto es, que se ordenaban o dividían por docenas. El verbo cambió su significado para pasar a significar también que se vuelve a alguien mediocre o vulgar (es de suponer que al incluirlo en una entre muchas docenas) y el término adocenado sirve para calificar a alguien de vulgar y de muy escaso mérito.

    También existen algunas frases hechas con la docena: No entrar en docena, que significa que no se es igual o parecido a otros, o la docena del fraile —también la docenica del fraile— que constaba de trece unidades, y que alude al que busca un mayor beneficio para sí que para los demás o al que toma más de lo que dice querer. Esta última frase hace referencia a un cuento muy antiguo que fue muy popular y que se apoya en la fama de pedigüeños, pícaros y astutos que de siempre han tenido los frailes. Dice así: Fue un fraile a comprar huevos y le dijo a la moza:”Quiero una docena de huevos, pero como han de ser para distintas personas, me los despache por separado: para el abad quiero media docena (6); para el padre tornero un tercio de docena (4); y para mí, que soy pobre, un cuarto de docena (3).” De modo que el fraile pagó la docena y se llevó trece huevos. La moza hizo sus cuentas y vio que el fraile la había engañado. Al cabo de una semana volvió el padre a la huevería con el mismo cuento. Pero la guapa moza le espetó: “Señor don fraile, le pongo junta la docena de huevos… y ya se hará vuesa merced las cuentas por el camino.”

    http://www.sabercurioso.es

    Se usaba la base doce ya en tiempos de los sumerios cuando inventaron una forma muy ingeniosa de contar con el pulgar las falanges de los dedos opuestos: cuatro dedos por tres falanges cada uno son doce. Si se usa la otra mano para contar cinco conjuntos de doce tenemos 60. Con esto ya está la base de contar minutos y segundos, grados, y cantidades.

    El doce utiliza por que es múltiplo de 2 de 3 , de 4 y de 6 .
    es decir si necesitas poner cuatro piezas , con una docena lo haremos tres veces ..
    en cambio es diez solo es múltiplo de 2 y de 5 .

    «O algo más sencillo, si en vez de 12 fuera de 4 diría algo similar. La cosa es que tiene que haber una forma y por varias razones se elegió la docena.

    p;Los fenicios tenían un sistema numeral con base doce, y no diez como el que tenemos ahora. Por eso algunas cosas se cuentan por docenas, por eso hay doce meses, por eso el día se divide en dos veces doce horas, por eso las horas se dividen en cinco veces doce minutos.

    Cultura Petrolera – La Faja petrolifera del orinoco y la Orimulsión