27 de Noviembre 1820. Luego del Decreto de Guerra a Muerte: Ratificación de la firma Tratado de Armisticio y Tratado de Regularización de la Guerra. Santa Ana-Trujillo.


1808 Napoleón invadió España.
Llevada  cabo la invasión, desde Francia, Napoleón, el emperador, coloca e a su hermano en España, destituyendo al monarca Fernando VII. Los virreinatos españoles de América se sublevaron primero contra el francés y enseguida proclamaron su propia independencia, pero no para luchar contra un imperio invasor: fue más bien una guerra civil entre los partidarios de la independencia y los partidarios de la Corona (los “realistas”).

En la Capitanía General de Venezuela, surgen primero Francisco de Miranda y Luego Simón Bolívar y Santiago Mariño como quienes encabezan las acciones independentistas. Simón Bolívar en respuesta a los actos de los españoles por la sublevación de 1811 y ante la negativa de los locales a unirse a su filas para luchar por su proyecto de independencia, declaró la “guerra a muerte” contra los “europeos y canarios”, como llamaba él a los realistas, y la aplicó al pie de la letra.

1813. La Guerra a Muerte
El 16 de enero inicialmente el abogado, coronel Tomas Briceño, dicta un decreto de Guerra a muerte conocido como Convenio de Cartagena o Plan para Libertar a Venezuela, antes de unirse a la Bolívar en Cucuta . Luego de esto, Briceño lo pondría en ejecución en San Cristóbal, el 9 de abril de 1813. Este documento seria un basamento para el que posteriormente decretara Bolívar en Trujillo en el mes de junio.

DECRETO DE GUERRA A MUERTE
DEL DOCTOR Y GENERAL ANTONIO NICOLÁS BRICEÑO
16 DE ENERO DE 1813 HEREDIAS CARTAGENA DE INDIAS

Introito: “En el nombre del pueblo de Venezuela, se hacen las proposiciones siguientes, para emprender una expedición por tierra, con el objeto de libertar a mi Patria del yugo infame que sobre ella pesa. Yo las cumpliré exacta y fielmente, pues que las dicta la justicia, y que un resultado importante debe ser su consecuencia”.
Artículo 1º: Lo serán admitidos en la expedición todos los criollos y extranjeros que quieran unirse, conservándoles los grados que hoy tengan, dando los correspondientes a los que no hayan tomado servicio, y aumentándoselos a todos en el curso de la campaña en proporción al mérito que contraigan por su valor y pericia militar.
Artículo 2º: Como esta guerra se dirige en su primer y principal fin a destruir en Venezuela a la raza maldita de los españoles europeos, incluso los isleños, quedan por consiguiente excluidos de ser admitidos en la Expedición por patriotas y buenos que parezcan, puesto que no debe quedar uno solo vivo, y así por ningún motivo y sin excepción alguna serán rechazados. Tampoco se admitirán ingleses, sino por consentimiento de la mayor parte de la oficialidad, por ser aliados de los españoles.
Artículo 3º: Las propiedades de todos los españoles europeos que se encontraren en el territorio rescatado se dividirán precisamente en cuatro partes, de las cuales una será para los oficiales que salgan con la expedición y que se hallen desde la primera acción que se presente, los que la repartirán por iguales partes, sin atender a sus distintos grados; la segunda será para los soldados de la expedición indistintamente, y las otras dos cuartas partes se reservaran para el Estado; y si sobre esta división se ofreciere alguna duda se decidirá por mayoría de votos de los oficiales que se hallen en Campaña.
Artículo 4º: Los oficiales que después de la primera acción de guerra se nos unieren, tomarán parte en las propiedades que sucesivamente se aprehendan, con previo consentimiento de los demás oficiales.
Artículo 5º: Las propiedades de los naturales del país serán respetadas y no entrarán en esta división, pues si el Gobierno los juzga traidores, la privación y confiscación de sus bienes será enteramente para el Estado.
Artículo 6º: A fin de cumplir exactamente estas condiciones, se repartirán aquellos bienes en cada ciudad donde entraren las tropas republicanas, sin esperar hacerlo después sino cuando lo impida la necesidad de salir prontamente a perseguir al enemigo. Las alhajas que no pudieren llevarse ni partirse cómodamente, se venderán en público a favor del que más diere, y el ganado y demás víveres se tomarán para el Estado y pagarán un precio justo que se dividirá, si fueren de Españoles-europeos.
Artículo 7º: Las armas y pertrechos que se tomen al enemigo se entregarán al Estado por un precio moderado que se repartirá conforme al artículo 3º, y el mismo Estado dará monturas a la caballería reservándose su propiedad, a no ser que se tomen en la acción, porque entonces son del Estado absolutamente.
Artículo 8º: Si algún oficial o soldado se considera digno de premiarse con dinero por alguna acción distinguida, se sacará de la masa común y por ningún otro motivo se podrá sacar cantidades de la masa.
Artículo 9º: Se considera mérito suficiente para ser premiado obtener grados en el Ejército, presentar un número de cabezas de españoles-europeos, incluso los isleños, y así el soldado que presentare veinte, a alférez, treinta, a Teniente, el que cincuenta a Capitán, etc.
Artículo 10º: Los sueldos que se pagarán durante la Campaña serán por mes y a ninguno se les hará bajas.

Teniente Coronel 150 Ps.
Mayor 100 “
Capitán 65 “
Teniente 44 “
subteniente 30 “
Sargento Primero 14 “
Sargento Segundo 13 “
Cabo Primero 12 “
Cabo Segundo 11 “
Comandante 100 “ (Caballería)
Capitán 80 “
Teniente 50 “
subteniente 38 “
Y seis (6) pesos de sobresueldo a oficiales y soldados para mantener los caballos.

Artículo 11º: Además de las pagas se dará raciones diarias, una a cada soldado, dos a los Tenientes y Alférez, tres a los capitanes, cuatro al Mayor y Teniente Coronel, y Cinco al Coronel. Esta ración será de una libra de carne mezclada con puerco donde las haya, pan correspondiente y una cuarta parte de guarapo donde lo hubiere; y al que no tome su ración se le pagará a dos reales una.No se dará raciones a los oficiales sino cuando haya víveres en abundancia en la Proveeduría, y siempre a los soldados.
Artículo 12º: Cada Oficial podrá tomar un asistente de su Compañía, el que por este motivo no dejará de entrar en acción.
Artículo 13º: Se dará moderado anticipo de dinero al que lo necesite.
Artículo 14º: El Oficial o soldado que faltare a la subordinación debida será castigado severamente; y cualquiera que en el momento de batirse vuelva la cara atrás o de ninguna voz para desalentar a los compañeros, además del derecho individual que cada uno tiene para matarlo allí mismo, será después juzgado en Consejo de Oficiales. El derecho de matar allí mismo lo tienen los oficiales y no los soldados.
Artículo 15º: Desde la salida de esta ciudad, todos los oficiales y soldados serán mantenidos y costeados en el viaje, pagándoseles bestias y buques para el transporte.

Heredias, Cartagena de Indias, Enero 16 de 1813.
Año tercero de la Independencia.
Antonio Nicolás Briceño.

a lo que bolívar responde :

Como jefes de las fuerzas de la Unión (Nueva Granada) y también de las de Venezuela que se hallan unidas á aquellas aprobamos las precedentes proposiciones esceptuando únicamente el artículo segundo en cuanto se dirige á matar á todos los españoles europeos, pues por ahora solo se hará con aquellos que se encuentren con las armas en la mano, y los demás que parezcan inocentes seguirán con el ejército para vigilar sus operaciones, mientras que el Congreso general de la Nueva Granada á quien se remitirán estos documentos aprueba ó no la guerra á muerte á los nominados españoles, quedando por consiguiente el artículo noveno sujeto á la misma disposición.Cúcuta, 20 de marzo de 1813.
Simón Bolívar (Venezuela) y Manuel del Castillo (Nueva Granada)
-Volviendo un poco atrás, a raíz de la caída de la Primera República, cuyas acciones encabezaba Francisco de Miranda, se tiene que por parte de los realistas Domingo de Monteverde, Francisco Cervériz, Antonio Zuazola, Pascual Martínez, Lorenzo Fernández de la Hoz, José Yáñez, Francisco Rosete y otros cometieron los más atroces crímenes. El abogado Francisco de Heredia, oidor y regente de la Real Audiencia de Caracas,  pidió en distintas formas que cesara la matanza, pero no fue escuchado. En sus Memorias, Heredia relata que un fraile capuchino de las misiones de Apure (a quien llama fray Eusebio del Coronil, pero que debió ser Fernando María del Coronil), que actuaba como uno de los partidarios de Monteverde, exhortó en una ocasión «.. .en alta voz a los soldados que, de siete años arriba, no dejasen vivo a nadie…». Bolívar, en el desarrollo de su Campaña Libertadora de 1813 recibió información precisa acerca de esa conducta de los realistas y el 8 de junio anunció desde Mérida: «Nuestro odio será implacable y la guerra será a muerte». [8]
Firma de la proclama de Guerra a Muerte
Firma de la proclama de Guerra a Muerte, obra del pintor Iván Belsky (1923-2003). Museo Casa de los Tratados, estado Trujillo.
En la ciudad de Trujillo, Bolívar había luego firmado por consiguiente el Decreto de Guerra Muerte durante la campana admirable el 15 de Junio de 1813. El texto es el que sigue:
DECRETO DE GUERRA A MUERTE
(15 de junio de 1813)

SIMÓN BOLÍVAR,

Brigadier de la Unión, General en Jefe del Ejército del Norte, Libertador de
Venezuela

A sus conciudadanos

Venezolanos: Un ejército de hermanos, enviado por el soberano Congreso de la Nueva Granada, ha venido a libertaros, y ya lo tenéis en medio de vosotros, después de haber expulsado a los opresores de las provincias de Mérida y Trujillo.

Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los
americanos, y a restablecer los gobiernos republicanos que formaban la Confederación de Venezuela. Los Estados que cubren nuestras armas, están regidos nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión sólo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre, que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes, ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.

Tocado de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña, y os han destruido con la muerte; que han violado los derechos sagrados de las gentes; que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y, en fin, han cometido todos los crímenes, reduciendo la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así pues, la justicia
exige la vindicta, y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que lo infestan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia, y mostrar a las naciones del universo, que no se ofende impunemente a los hijos de América.

A pesar de nuestros justos resentimientos contra los inicuos españoles,nuestro magnánimo corazón se digna, aún, abrirles por la última vez una vía a la conciliación y a la amistad; todavía se les invita a vivir pacíficamente entre nosotros, si detestando sus crímenes, y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a la destrucción del gobierno intruso de España, y al restablecimiento de la República de Venezuela.

Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la justa causa,por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, y castigado como traidor a la patria y, por consecuencia, será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que pasen a nuestro ejército con sus armas o sin ellas; a los que presten sus auxilios a los buenos ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo de la tiranía. Se conservarán en sus empleos y destinos a los oficiales
de guerra, y magistrados civiles que proclamen el Gobierno de Venezuela, y se unan a nosotros; en una palabra,los españoles que hagan señalados servicios al Estado, serán reputados y tratados como americanos.

Y vosotros, americanos, que el error o la perfidia os ha extraviado de las sendas de la justicia, sabed que vuestros hermanos os perdonan y lamentan sinceramente vuestros descarríos, en la íntima persuasión de que vosotros no podéis ser culpables, y que sólo la ce guedad e ignorancia en que os han tenido hasta el presente los autores de vuestros crímenes, han podido induciros a ellos. No temáis la espada que vi ene a vengaros y a cortar los lazos ignominiosos con que os ligan a su suerte vuestros verdugos. Contad con una inmunidad absoluta en vuestro honor, vida y propiedades; el solo título de
americanos será vuestra garantía y salvaguardia. Nuestras armas han venido a protegeros, y no se emplearán jamás contra uno solo de nuestros hermanos.

Esta amnistía se extiende hasta a los mismos traidores que más
recientemente hayan cometido actos de felonía; y será tan religiosamente cumplida, que ninguna razón, causa, o pretexto será suficiente para obligarnos a quebrantar nuestra oferta, por grandes y extraordinarios que sean los motivos que nos deis para excitar nuestra animadversión.

Españoles y Canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables.

Cuartel General de Trujillo, 15 de junio de 1813.-3º

Simón Bolívar.

Pedro Briceño Méndez,

Secretario.

Más adelante luego de la firma del decreto, Bolívar la amplió y ratificó en el cuartel general de Puerto Cabello, mediante una proclama del 6 de septiembre del propio año 1813, acto este que algunos historiadores llaman «Segundo Decreto de Guerra a Muerte».[8]
Decreto de Bolívar fechado en el cuartel de Puerto Cabello, el 6 de septiembre de 1813, en que se restablece la pena de muerte contra los traidores a la patria y perturbadores del orden y la tranquilidad pública Simón Bolívar, Brigadier de la Unión y General en Jefe del Ejército libertador de Venezuela
Venezolanos:

Desde el momento mismo que en el cuartel general de Trujillo
autoricé con mi firma la proclama del quince de junio último, quedó sancionado todo su contenido como ley fundamental de la República de Venezuela, o reconquista del poder tirano que usurpaba su libertad.
Por ella manifest
é entre otras cosas, por una parte, que yo y el ejército de mis hermanos que tenia la gloria de mandar, éramos enviados a destruir a los españoles, proteger a los americanos y restablecer los gobiernos que formaban la Confederación de Venezuela, rompiendo para ello las cadenas de la servidumbre, que agobiaban a sus pueblos. Y por otra, dirigiéndome a los americanos manifesté que el error o la seducción los había extraviado de la senda de la justicia, les hice entender que yo y sus demás hermanos les perdonábamos sinceramente, y lamentábamos sus descarríos, en la íntima persuasión de que ustedes no podían ser culpables, y que sólo la ceguedad e ignorancia en que los habían tenido hasta entonces, los autores de sus culpas, pudieron inducirles a ellas. Que no temiesen la espada que venía a vengarlos y a cortar los lazos ignominiosos con que los ligaban a su suerte los verdugos. Que tendrían una inmunidad absoluta en su honor, vida y propiedades. Que el solo título de americano era su garantía y salvaguardia. Y, en fin, que esta amnistía se extendía hasta los mismos traidores, que más recientemente hubiesen cometido actos de felonía; y que sería tan religiosamente cumplida, que ninguna razón, causa o pretexto bastaría para quebrantar esta oferta, por grandes y extraordinarios que fuesen los motivos que se diesen para excitar la adversión. Todo ha sido  cumplido tan exactamente como lo exigía mi palabra y el honor del ejército comprometido, y el carácter de ley fundamental promulgada, impresa y circulada; de manera que no habrá siquiera un americano que con verdad se queje de su infracción, a pesar de los repetidos clamores que contra muchos se han hecho, por sus torpes y enormes crímenes contra sus hermanos, su patria y posteridad. Reposaba tranquilo y lleno de la mayor confianza en la gloriosa lucha contra los últimos restos de nuestros comunes enemigos, cuando en el campo de batalla que forma el sitio a que se ven reducidos en una pequeña parte de la población de Puerto Cabello, he sido informado que algunos de aquellos mismos americanos que con tanta generosidad ha tratado el ejército libertador, olvidando sus crímenes, se esfuerzan en subvertir el orden, formando con ventículos y protegiendo conmociones populares al favor que les dispensa la buena fe y sinceridad con que creyéndoles capaces de gratitud y reconocimiento, se dejaron las cosas en el mismo estado que estaban.
Semejante conducta ha herido dolorosamente mi coraz
ón y, lo que es más, la gloria de Venezuela, por la que no hemos dudado yo y el ejército de la Unión hacer los últimos sacrificios. Notorio es esto; pero más notorio será el horror y oprobio que cubrirá a estos infames y viles desnaturalizados hijos que posponen el bien y felicidad general a la baja adulación de sus primeros opresores.
Teman, pues,
él castigo y escarmiento que sufrirán con la última severidad. Hasta aquí he cumplido yo, y mi victorioso ejército, la ley que voluntariamente nos impusimos en obsequio de ellos; por consiguiente en toda ciudad, villa o lugar en que se hayan tremolado nuestras banderas y esté bajo la dominación del ejército libertador, los habitantes serán tratados como dignos ciudadanos de estos estados, si cumpliesen como son obligados con el sagrado deber que les impuso la naturaleza, y prescribe el interés de una sociedad civil; pero han de estar perfectamente convencidos que todo el que faltase a estos incuestionables principios, y directa o indirectamente contribuyese a turbar el orden, paz y tranquilidad pública, será castigado con la pena ordinaria de muerte, sin que le favorezca el sagrado de la ley cumplida ya en todas sus partes; pero con la diferencia que para aquéllos que antes han sido traidores a su patria y a sus conciudadanos, y reincidiesen en ello, bastarán sospechas vehementes para ser ejecutados. Lo tendrán así entendido todas las justicias civiles y militares; a cuyo fin mando que la presente se publique, imprima y circule para que llegue a noticia de todos.
Dada en el cuartel general de Puerto Cabello y refrendada
del infrascrito Secretario de Estado y del despacho de Gracia y Justicia, a 6 de septiembre de 1813, 3° de la Independencia y
de la Gu
erra a Muerte.
SIM
ÓN BOLÍVAR
RAFAEL MERIDA
Después de la batalla del Tinaquillo, en agosto de 1813, el ejercito de Bolívar arrasa varios pueblos y pasa por las armas a todos los canarios y españoles peninsulares. En septiembre de ese mismo año en tanto ratificaba el decreto, dictó reclutamiento forzoso e hizo fusilar a los que se negaron a coger las armas. Acto seguido hizo fusilar a 69 españoles sin fórmula de juicio. En diciembre de 1813 derrota al menguado ejército realista en Acarigua y ordenó asesinar a 600 prisioneros. El 8 de febrero de 1814 la emprende con los prisioneros españoles de Caracas, Valencia y La Guaira, alrededor de 1.200 civiles, comerciantes en su mayoría, y ordena “que inmediatamente se pasen por las armas todos los españoles presos en esas bóvedas y en el hospital, sin excepción alguna”. Como escaseaba la pólvora, se resolvió matarlos a golpes de sable y de pica, y se los remataba aplastándoles la cabeza con grandes piedras. A los ancianos e impedidos se los llevó al patíbulo amarrados a sus sillas. Pese a las súplicas del arzobispo de Caracas, Bolívar consumó la matanza.El último parte de la carnicería informa de que también se ejecutó a los que se hallaban enfermos en el hospital.
También se ejecutaron los náufragos de un barco español en la Isla Margarita, se llevo a cabo el saqueo de Santa Fé y la ejecución de los prisioneros tras la batalla de Boyacá.
En un manifiesto firmado en el pueblo de El Altar, el 22 de septiembre de 1821, el presbítero Andrés Torrellas, incorporado ya a la causa republicana, dice que los soldados realistas, en 1814, usaban en sus morriones un plumaje negro y que era la divisa de la «guerra a muerte»; que al mismo tiempo se pregonaba que tal tipo de guerra continuaría con igual intensidad. Para 1814, el padre Torrellas era oficial del ejército realista. En los años de 1815, 1816 y 1817 la «guerra a muerte» se extiende a Nueva Granada, en donde el general Pablo Morillo la ejecuta con la mayor crueldad. Entre sus tantas víctimas figuran entre los neogranadinos el científico Francisco José de Caldas, los estadistas  Camilo Torres y Manuel Rodríguez Torices y los patriotas venezolanos Andrés Linares y Francisco José García de Hevia.[8]
1820. En España:
En 1820 ocurrieron sucesos políticos en España que tuvieron repercusión importante en la guerra de independencia.
A comienzos de año, varios regimientos concentrados cerca de Cádiz para partir a América, se sublevaron bajo al mando del Coronel Riego e iniciaron un movimiento revolucionario que rápidamente se extendió a Madrid y a la mayor parte de las provincias metropolitanas.
Los revolucionarios exigían: suprimir la inquisición, gravar con impuestos al clero y la nobleza, cerrar monasterios, confiscar propiedades agrarias de los nobles y restaurar la constitución de 1812.
Bajo la presión del movimiento liberal, el Rey Fernando VII convocó las Cortes, prestó juramento a la constitución de 1812 y suprimió la inquisición. Al mismo tiempo, el gobierno español, envió instrucciones a sus jefes Militares en las colonias para entrar en negociaciones con los republicanos.
Pablo Morillo había recibido entonces instrucciones de España para que arbitrara con Bolívar un cese a las hostilidades, por ello informa al Libertador sobre el cese al fuego unilateral del ejército español y la invitación para negociar un acuerdo de regularización de la guerra.
En Venezuela, Departamento de la Gran Colombia:
Antes de unirse a la Gran Colombia Venezuela ya había anexado a la provincia de Guayana, por lo que para el momento de estos tratados existían extensos territorios como el de la provincia de Maracaibo (incluyendo Coro) que desde siempre seguían fieles a la corona, y eran gobernados por un capitán General, en ese entonces ejercido por Morillo.
La Redacción y firma:
Los plenipotenciarios de ambos bandos se entrevistan también en Trujillo, donde se reúnen el martes 21 de noviembre en el mismo lugar donde se había firmado el decreto de guerra a muerte.  en “la Casa de los Muñecos” (donde actualmente queda la Farmacia Central).
La casa donde se firmó la proclama de Guerra a Muerte por el Libertador Simón Bolívar, es la misma  que en el año 1820 firma los tratados de Armisticio y de Regularización de la Guerra, sirviendo de hospedaje al Libertador Simón Bolívar en las cuatro oportunidades que visitó a la ciudad de Trujillo. Asimismo, una vez que pasa el proceso de la guerra de independencia esta casa es adquirida por el general en Jefe José la Cruz Carrillo Terán uno de los principales héroes, prócer trujillano de la independencia Venezolana. Luego se convierte en el Centro de Historia de Trujillo, o casa de los tratados, que es fundada el 13 de junio de 1958, localizada en el casco histórico de la ciudad.
Lugar de Reunión y Firma de tratados escrito por A.J. de Sucre, luego ratificados por Bolívar y Morillo . 16 de Noviembre de 1820. Centro de Historia de Trujillo :

Ver en«mis mapas»:9.36505, -70.43886

la_casa_de_los_munecos
Lugar “la Casa de los Muñecos” (actualmente la Farmacia Central) Fotografía con vista al este, de Emigdio Garces. Ver en «mis mapas» (9.3664455, -70.4349368)
Eran los presentes para la dia de la firma de los tratados: Por la Gran Colombia el General Antonio José de Sucre , el Coronel Pedro Briceño Mendez y el Teniente Coronel José Gabriel Perez; Por España el Brigadier Ramón Correa, (jefe Superior Político de Venezuela Colonial), Juan Rodriguez de Toro ( Alcalde de Caracas Colonial ) y Francisco Linares. El objetivo, estudiar las bases de un Armisticio y ajustar el desarrollo de la guerra al Derecho de Gentes, tras tres días trabajando dia, tarde y noche tras largas deliberaciones,discusiones y ágapes, entre velas fue firmado el Tratado de Armisticio entre la República de Colombia y el Reino de España en la noche del sábado 25 de noviembre a las 10 de la noche el cual suspendía todas las operaciones militares en mar y tierra en Venezuela y confinaba a los ejércitos de ambos bandos a las posiciones que sostenían el día de la firma, y al día siguiente domingo 26 a las 10 de la noche los Tratados de Regularización de la Guerra con el compromiso de ambos bandos de hacer la guerra respetando las normas más elementales del derecho de gentes, que habían sido violadas de parte y parte durante los años de la guerra.
Antonio José de Sucre redactó y  firmo este tratado de Armisticio y regularización de la guerra, considerado como el principal antecedente del derecho internacional humanitario actual considerado por Bolívar como:
«el más bello de los monumentos de la piedad aplicada a la guerra».
El Libertador le escribió una biografía a Sucre en 1825, un documento
denominado Resumen sucinto de la vida del general Sucre, publicado sin su firma, pero confirmada en una carta de Bolívar a Sucre del 21 de febrero de 1825, a lo que refiriéndose al tratado escribió:
«Este tratado es digno del alma del general Sucre: la benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron; él será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra; él será eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho »
El Tratado de Armisticio tenía por objeto suspender las hostilidades para facilitar las conversaciones entre los dos bandos, con miras a concertar la paz definitiva
La entrevista y la Ratificación:
Al concretarse la firma de los Tratados el jefe español Morillo solicita a Bolívar una entrevista personal, a la vez de tener como objeto ratificar los tratados, esta cual fue aceptada por el Libertador y se escoge Santa Ana para la cita.
Santa Ana esta ubicada a unos 1.650 metros de altitud, se encuentra en el municipio Pampán, a unos 56 kilómetros de la ciudad Trujillo, la capital del actual estado del mismo nombre.
El Libertador siempre organizado y precavido, previendo cualquier situación que se pudiese presentar en la entrevista con Morillo, por medio de el General Antonio José de Sucre en Trujillo le comunica al General Rafael Urdaneta, Comandante General de la Guardia: “S.E. Va hoy a Santa Ana…en tanto S.E. Encarga a V.S. del mando de los ejércitos de Colombia” . Lo que significaba que en caso de que le sucediera algo a Bolívar, Urdaneta tomaría el mando del Ejército Libertador y del país.
“ Morillo utilizo su habilidad y experiencia para alagar a Bolívar, porque estaba seguro que de esta forma conseguiría lo que no había conseguido en los campos de batalla, subestimando de esta forma la inteligencia, astucia y sabiduría del Genio de América… Bolívar se dirigió por el camino que conduce a Santa Ana, bordeando el río Mocoy, iba sobre una mula vestido sencillamente con levita azul y gorro de campaña acompañado por una pequeña escolta. Paso por el Llano de las Mujeres (sitio que lleva ese nombre ya que el Ejército Libertador fue recibido por las mujeres que habitaban en ese lugar ubicado antes de llegar a Santa Ana, en la actualidad existe un monumento en honor a ese encuentro), allí los patriotas fueron vitoreados por estas, descansaron, tomaron café, agua y comieron, luego siguieron camino a su destino. Morillo venía desde Carache, donde tenía su Cuartel General, era acompañado por un regimiento de húsares (militar de caballería ligera creado en Francia en el siglo XVII, cuyo uniforme es copiado de la caballería húngara), vestido con uniforme de gala, taconado, luciendo las condecoraciones ganadas en las guerras en Europa. Fue el encuentro de dos mundos, la España imperial que había ocupado varias regiones en la vieja Europa, e inclusive la región vasca de dónde venían las raíces o antepasados de los Bolívar, y por otro lado la América joven indómita, rebelde y ansiosa de Libertad e Independencia”.
Ahora en la población de Santa Ana, Trujillo, el 27 de noviembre de 1820, Simón Bolívar y Pablo Morillo ratifican el Tratado de Armisticio y el Tratado de Regularización de la Guerra  que habían sido firmado por sus enviados los anteriores días del 25 y 26.
Santa Ana-Reg Guerra
Monumento al Armisticio de Trujillo o Tratado de Santa Ana. ver en mis mapas (Google)
Al llegar después de saludarse, Morillo inicio la conversación ponderando al rey Fernando que quería ver a sus súbditos americanos bajo la sombra de la liberal constitución de Cadiz …Pero Bolívar, con su natural fogosidad, justifico la guerra como un “anhelo de los americanos por mantenerse unidos a la España eso si esta reconoce la independencia de Colombia y así España se ganaría el amor de todos los americanos—Expreso– si persiste en sus aspiraciones coloniales, los americanos se distanciaran de ella inexorablemente” . Morillo se convenció pronto de que Bolívar era un hombre muy distinto al que se había imaginado, y sobre todo muy firme en sus ideas y propósitos decía “Nada es comparable – decía al gobierno madrileño – a la incansable actividad de este caudillo –refiriéndose a Bolívar –su arrojo y su talento son sus títulos para mantenerse a la cabeza de la revolución y de la guerra; pero es cierto que tiene de su estirpe española rasgos y cualidades que lo hacen muy superior a cuantos lo rodean.”
En un compartir ameno, el Libertador expresa lo siguiente al brindar.«A la heroica firmeza de los combatientes de uno y otro ejército: a su constancia, sufrimiento y valor sin ejemplo. A los hombres dignos, que atravez de males horrorosos, sostienen y defienden su libertad. A los que han muerto gloriosamente en defensa de su patria o de su gobierno. A los heridos en ambos ejércitos, que han manifestado su intrepidez, su dignidad y su carácter. Odio eterno a los que deseen sangre y la derramen injustamente.”
Morillo dice al brindar también “Castigue el cielo a los que no estén animados, de los de los mismos sentimientos de paz y de amistad que nosotros”; el General de la Torre expresa “Descendamos juntos a los infiernos en persecución de los Tiranos”.
Los efectos:
-Mediante este tratado quedaba oficialmente derogada la guerra a muerte, y a las crueldades y horrores que por 9 años habían caracterizado la lucha tanto por la independencia como por la restauración de la monarquía y el dominio por parte de España.
-Se acordaba una tregua de seis meses.
-El acuerdo significó un reconocimiento de facto por España del Estado colombiano  y como fuerza beligerante.
-El Tratado de Armisticio se firmó por seis meses y obligaba a ambos ejércitos a permanecer en las posiciones que ocupaban en el momento de su firma.
-La línea de demarcación se fijó en el armisticio como se lee en su articulo 3ro , es desde:
“el río Unare, remontándolo desde su embocadura al mar hasta donde recibe el Guanape; las corrientes de éste subiendo hasta su origen; de aquí una línea hasta el nacimiento del Manapire; las corrientes de éste hasta el Orinoco; la ribera izquierda de éste hasta la confluencia del Apure; éste hasta donde recibe al Santo Domingo; las aguas de éste hasta la ciudad de Barinas, de donde se tirará una línea recta hasta Boconó de Trujillo; y de aquí la línea natural de demarcación que divide la Provincia de Caracas del Departamento de Trujillo”.
-Mediante el acuerdo del Tratado de Regularización de la Guerra ambos contendientes se comprometieron a hacer la guerra “como lo hacen los pueblos civilizados”. Acordaron el respeto a los no combatientes, el canje de prisioneros y acabar definitivamente con las viejas prácticas de la guerra a muerte.
Bolívar, al escribir a Francisco de Paula Santander, dejó el testimonio del encuentro:
“Desde Morillo abajo se han disputado todos los españoles en los obsequios con que nos han distinguido y en las protestas de amistad hacia nosotros. Un aplauso a nuestra constancia y al valor que ha singularizado a los colombianos, los vítores que han repetido al ejército libertador; en fin, manifestaciones de sus deseos por la amistad de Colombia a España, un pesar por los desastres pasados en que estaban envueltos su pasión y la nuestra, últimamente la pureza de este lenguaje, que es ciertamente de sus corazones, me arrancaron algunas lágrimas y un sentimiento de ternura hacia algunos de ellos. Hubo brindis de mucha atención y de la invención más bella, pero me han complacido sobremanera los del coronel Tello y el general La Torre. El primero, ‘por los triunfos de Boyacá que han dado la libertad a Colombia’. El segundo, ‘por los colombianos y españoles que unidos marchen hasta los infiernos si es necesario contra los déspotas y los tiranos’. Morillo brindó, entre muchos otros particulares muy entusiastas y liberales, ‘por los héroes que han muerto combatiendo por la causa de su patria y de su libertad’. En fin, sería necesario un volumen para decir los brindis que tuvieron lugar porque, como he indicado, cada español disputaba a los demás el honor de elogiarnos. Nosotros retribuimos a sus brindis con justicia y moderación y complaciéndolos bastantemente. El General Morillo propuso que se levantase una pirámide en el lugar donde él me recibió y nos abrazamos, que fuese un monumento para recordar el primer día de la amistad de españoles y colombianos, la cual se respetase eternamente; ha destinado un oficial de ingenieros y yo debo mandar otro para que sigan la obra. Nosotros mismos la comenzamos poniendo la primera piedra que servirá en su base. El General La Torre me ha agradado mucho: está resistido a ser solo español; asegura que no se embarcará jamás, sea cual fuere la suerte de la guerra; que él pertenece a Colombia y que los colombianos lo han de recibir como hermano. Esta expresión, hecha con mucha nobleza y dignidad, me ha excitado por él un grande aprecio. Me ha protestado que agotará todo su influjo para que la guerra sea terminada, porque está resuelto a no desenvainar la espada contra nosotros; que su influjo valdrá mucho, porque cree quedar con el mando del ejército, según anuncian que viene el permiso de retirarse al General Morillo”.
Quince días después de la entrevista, Morillo se embarca a España por La Guaira. El Gobierno de la Capitanía y mando del ejército realista quedo al mando del general de La Torre, el cual no pudo mantener el liderazgo entre sus tropas, al punto de que algunas veces hubo conatos de violencia y enfrentamientos entre ellos. Todo esto favoreció al ejército patriota.
El Tratado de Armisticio había sido previsto con una vigencia de 6 meses, prorrogables de común acuerdo. Expiraba, por consiguiente, el 26 de mayo de 1821.
Según Luis Perú de Lacroix a quien Bolívar explico algunos detalles de su entrevista con Morillo, en la obra “Diario de Bucaramanga” Perú de Lacroix, plantea que Bolívar reflexionaba sobre los Tratados y el encuentro con Pablo Morillo…:
«¡Que mal han comprendido y juzgado algunas personas aquella célebre entrevista!-dijo el Libertador-Unos, no han visto la negligencia y la vanidad de un necio ;otros sólo han atribuido a mi amor propio, al orgullo y la intención de hacer la paz a cualquier precio y condiciones que impusiera España..¡Que tontos y que malvados son todos ellos! Jamás, al contrario, durante todo el curso de mi vida pública he desplegado más política, más ardid diplomático que en aquella importante ocasión, y -esto no puedo decirlo sin vanidad- creo que ganaba también al General Morillo, así como ya lo había vencido en todas mis operaciones militares. Fui a aquella entrevista con una superioridad en todo sobre el General español;fui, además armado de cabeza a pies,; con mi politica y mi diplomacia bien encubiertas con una grande apariencia de franqueza, de buena fe, de confianza, y de amistad, pues es bien sabido que nada de esto podía tener yo para con el Conde de Cartagena, y que ninguno de aquellos sentimientos pudo inspirarme en una entrevista de algunas horas. Apariencias de todo esto fue lo que hubo, porque son de estilo y de convención tácita entre los diplomáticos pero ni Morillo ni yo fuimos engañados sobre aquellas demostraciones; sólo los imbéciles lo fueron y lo están todavía. El Armisticio de seis meses que se celebró entonces, y que tanto se ha criticado, no fue para mi sino un pretexto para hacer ver al mundo que ya Colombia trataba como potencia a potencia a España; un pretexto también para el importante Tratado de Regularización de la Guerra, que se firmo tal casi como lo había redactado yo mismo; Tratado santo, humano y político que ponía fin a aquella horrible carnicería de matar a los vencidos, de no hacer prisioneros de guerra,; barbarie española que los patriotas habían visto en caso de adoptar en represalia; barbarie feroz que hacia retroceder la civilización, que hacia del suelo colombiano un campo de caníbales y lo empapaba de sangre inocente que hacia estremecer a toda la humanidad . Por otra parte aquel Armisticio era provechoso a la República y fatal a los españoles; su ejército no podía aumentar, sino disminuir durante dicha suspensión; el mio, por el contrario , aumentaba y tomaba mejor organización . La política del General Morillo nada podía adelantar en Colombia, y la mía obraba activa y eficazmente en todos lo puntos ocupados todavía por las tropas de dicho General. Más aún; el Armisticio engañó también a Morillo y le hizo ir a España y dejar el mando de su ejército al General LaTorre, menos activo, menos militar que el Conde de Cartagena; esto ya era una inmensa victoria, que me aseguraba la entera y pronta libertad de toda Venezuela y me facilitaba la ejecución de mi grande importante proyecto ; el de no dejar un sólo español armado en toda América del Sur. Digan lo que quieran los imbéciles y mis enemigos sobre dicho asunto, los resultados están en mi favor. Jamás comedia diplomática ha sido mejor representada que la del día y noche del 27 de noviembre del año 20 en el pueblo de Santa Ana.Produjo el resultado favorable que había calculado para mi, y para Colombia, y fue fatal para España. Contesten, pues, a esto los que han criticado mi negociación y entrevista con el General Morillo, y que no olviden que en las ofertas que se hicieron hubo, sin embargo, de una parte de los negociadores colombianos, un sine qua non terminante por principal base,es decir, el reconocimiento previo de la República;sine qua non que nos dio dignidad y superioridad en la negociación.»
La Ruptura del Armisticio:
El Armisticio firmado en Trujillo quedó interrumpido antes del plazo señalado La causa de esta interrupción fue el pronunciamiento de la ciudad de Maracaibo, en donde una asamblea popular reunida el 28 de enero de 1821, declaró la ciudad y su territorio constituidos en «República Democrática», unida a Colombia. Inmediatamente después de este pronunciamiento, las tropas del General Rafael Urdaneta entraron en Maracaibo y ocupó rápidamente la ciudad con varios batallones ligeros y depuso al gobernador Francisco Delgado.  Miguel de la Torre protestó la medida como una violación del tratado en el Armisticio basándose en que Maracaibo estaba dentro de los límites del territorio que les correspondía según el tratado y Bolívar a su vez señaló su legalidad.   Sin embargo, el pronunciamiento de Maracaibo era un acontecimiento de gran importancia que venía a reforzar las posiciones políticas y militares de los independentistas, y el cambio de actitud a favor de los patriotas no podía quedar sin el debido respaldo del gobierno de la Gran Colombia. En tal sentido, El Libertador mantuvo la ocupación de la ciudad e invitó al jefe español a conversaciones para llegar a un acuerdo favorable del incidente. Este arreglo no fue posible, y ambos bandos convinieron reanudar las hostilidades de la guerra a partir del  28 de abril de 1821.
Legado:
Sin embargo, a partir de aquí los enfrentamientos violentos hasta el final del conflicto de la independencia, tanto en Venezuela como en el resto de Suramérica, estarían regulados por el Tratado de Regularización de la Guerra. aunque esto o  fuese fielmente cumplido por ninguno de los dos bandos.
El Tratado de 1820 contiene normas precursoras del Convenio de Ginebra de 1864 que buscaba el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña, y de otros Convenios posteriores. Este instrumento constituye un claro antecedente de las cláusulas relativas al trato debido a los prisioneros de guerra, a los heridos y a la población que no tome las armas y que, por tanto, no participe en las hostilidades, tal es el caso de la población civil, que  están contenidos en  los Convenios de Ginebra de 1949 y sus Protocolos Adicionales.
El Monumento:
La plaza Armisticio, fue inaugurada el 24 de julio de 1912, con un monolito  a especie de pirámide como  monumento conmemorativo de este abrazo entre Bolívar y Morillo.
plaza_armisticio_2005
Plaza Armisticio de Santa Ana, Trujillo. En la Placa: El tratado de armisticio solicitado pòr el General en jefe del ejército expedicionario español Don Pablo Morillo se firmó en la ciudad de Trujillo el 25 de noviembre de 1820. El tratado de la regularización de la guerra propuesto y redactado por el Libertador S. Bolívar se firmó en la misma ciudad el 26 de noviembre de 1820. Y en este sitio se verificó la entrevista entre el Libertador con Morillo el 27 de noviembre de 1820. Ver en mis mapas (Google) 
Lo que sucedió luego de continuar las Beligerancias.
Luego de reanudar los enfrentamiento  a partir del 28 de abril de 1821 sucederán en semanas  combates que llevaran a la Batalla de Carabobo el 24 del mes de junio.

Los realistas quedarían luego reducidos  a las plazas de Cumaná, la que cayo el 14 de octubre de 1821 y en Puerto Cabello desde donde Tomas Morales tomaría  en dos intentos a la ciudad de Maracaibo.
Maracaibo y por lo tanto la provincia sería ocupada nuevamente por los realistas en septiembre de 1822 tras la batalla de Salina Rica, entre el 7 y 8 de septiembre, y posteriormente seria tomada Coro el 3 de Diciembre.
A pesar de ello Maracaibo volvería y ya por ultima vez a ser ocupada por los patriotas, al ser tomada por el almirante de la Gran Colombia Jose Prudencio Padilla posterior a la victoria en la Batalla Naval del Lago, el 24 de Julio de 1823. Luego del sitio  y toma de Puerto Cabello se logro en esa oportunidad, por primera vez, la consolidación de la independencia en todos los territorios de Venezuela, en ese  momento Departamento de la Gran Colombia.
Los Documentos
Tratado de Armisticio[1]  —376→
Deseando los gobiernos de España y de Colombia transigir las discordias que existen entre ambos pueblos; y considerando que el primero y más importante paso para llegar a tan feliz término es suspender recíprocamente las armas, para poderse entender y explicar, han convenido en nombrar comisiones que estipulen y fijen un Armisticio, y en efecto han nombrado, Su Excelencia el General en Jefe del Ejército Expedicionario de Costa Firme, don Pablo Morillo, conde de Cartagena, de parte del Gobierno español, a los señores Jefe Superior Político de Venezuela, brigadier don Ramón Correa; alcalde primero constitucional de Caracas, don Juan Rodríguez de Toro, y don Francisco González de Linares; y Su Excelencia el Presidente de Colombia, Simón Bolívar, como Jefe de la República, de parte de ella, a los señores general de brigada Antonio José de Sucre; coronel Pedro Briceño Méndez, y teniente coronel José Gabriel Pérez, los cuales habiendo canjeado sus respectivos poderes el veintidós del presente mes y año, y hecho las proposiciones y explicaciones que de una parte y otra se han deseado, han convenido y convienen en el tratado de Armisticio, bajo los pactos que constan de los artículos siguientes:
Artículo 1º Tanto el ejército español como el de Colombia suspenden sus hostilidades de todas clases, desde el momento que se comunique la ratificación del presente tratado, sin que pueda continuarse la guerra, ni ejecutarse ningún acto hostil entre las dos partes en toda la extensión del territorio que posean durante este armisticio.  —377→
Art. 2º La duración de este armisticio será de seis meses, contados desde el día que será ratificado; pero siendo el principio y base fundamental de él la buena fe y los deseos sinceros que animan a ambas partes de terminar la guerra, podrá prorrogarse aquel término por todo el tiempo que sea necesario siempre que expirado el que se señala no se hayan concluido las negociaciones que deben entablarse y haya esperanza de que se concluyan.
Art. 3º Las tropas de ambos ejércitos permanecerán en las posiciones que ocupen al acto de intimárseles la suspensión de hostilidades; mas siendo conveniente señalar límites claros y bien conocidos en la parte que es el teatro principal de la guerra para evitar los embarazos que presenta la confusión de posiciones, se fijan los siguientes:
El río de Unare, remontándolo desde su embocadura al mar hasta donde recibe al Guanape; las corrientes de éste subiendo hasta su origen; de aquí una línea hasta el nacimiento del Manapire; las corrientes de éste hasta el Orinoco; la ribera izquierda de éste hasta la confluencia del Apure; éste hasta donde recibe al Santo Domingo; las aguas de éste hasta la ciudad de Barinas, de donde se tirará una línea recta a Boconó de Trujillo; y de aquí la línea natural de demarcación que divide la provincia de Caracas del Departamento de Trujillo.
Las tropas de Colombia que obren sobre Maracaibo al acto de intimárseles el armisticio podrán atravesar por el territorio que corresponde al ejército español para venir a buscar su reunión con los otros cuerpos de tropas de la República, con tal que mientras que atraviesen por aquel territorio las conduzca un oficial español. También se les facilitarán con este mismo objeto las subsistencias y transportes que necesiten, pagándolas.
Las demás tropas de ambas partes que no estén comprendidas en estos límites señalados, permanecerán, como se ha dicho, en las posiciones que ocupen, hasta que los oficiales que por una y otra parte se comisionarán, arreglen amigablemente los límites que deben separar el territorio en que están obrando, procurando   —378→   transar las dificultades que ocurran para la demarcación de un modo satisfactorio a ambas partes.
Art. 4º Como puede suceder que al tiempo de comunicar este tratado se hallen dentro de las líneas de demarcación que se han señalado en el artículo 39, algunas tropas o guerrillas, que no deben permanecer en el territorio que estén ocupando, se conviene:
Que las tropas organizadas que se hallan en este caso, se retiren fuera de la línea de la demarcación, y como tal vez se hallan algunas de éstas pertenecientes al ejército de Colombia en las riberas izquierdas del Guanape y del Unare, podrán éstas retirarse y situarse en Píritu o Clarines, o algún otro punto inmediato; y
Que las guerrillas que estén en igual caso se desarmen y disuelvan, quedando reducidas a la clase de simples ciudadanos los que las componían, o se retiren también como las tropas regladas. En el primero de estos dos últimos casos se ofrece y concede la más absoluta y perfecta garantía a los que comprenda, y se comprometen ambos gobiernos a no enrolarlos en sus respectivas banderas durante el armisticio, antes por el contrario, permitirles que dejen el país en que se hallan y vayan a reunirse al ejército de que dependan al tiempo de concluirse este tratado.
Art. 5º Aunque el pueblo de Carache está situado dentro de la línea que corresponde al ejército de Colombia, se conviene en que quede allí un comandante militar del ejército español con una observación de paisanos armados que no excedan de veinticinco hombres. También se quedarán las justicias civiles que existen actualmente.
Art. 6º Como una prueba de la sinceridad y buena fe que dictan este tratado, se establece que en la ciudad de Barinas no podrá permanecer sino un Comandante militar por la República con un piquete de veinticinco hombres de paisanos armados de observación, y todos los peones necesarios para las comunicaciones con Mérida y Trujillo, y las conducciones de ganados.—379→
Art. 7º Las hostilidades de mar cesarán igualmente a los treinta días de la ratificación de este tratado para los mares de América, y a los noventa para los de Europa. Las presas que se hagan pasados estos términos, se devolverán recíprocamente; y los corsarios o apresadores serán responsables de los perjuicios que hayan causado por la detención de los buques.
Art. 8º Queda desde el momento de la ratificación del armisticio abierta y libre la comunicación entre los respectivos territorios para proveerse recíprocamente de ganados, todo género de subsistencias y mercancías, llevando los negociadores y traficantes los correspondientes pasaportes a que deberán agregar los pases de las autoridades del territorio en que hubieren de adquirirlos para impedir por este medio todo desorden.
Art. 9º La ciudad y puerto de Maracaibo queda libre y expedita para las comunicaciones con los pueblos del interior, tanto para subsistencias, como para relaciones mercantiles, y los buques mercantes neutros o de Colombia que introduzcan efectos, no siendo armamentos ni pertrechos de guerra, o los extraigan por aquel puerto para Colombia, serán tratados como extranjeros y pagarán como tales los derechos, sujetándose a las leyes del país. Podrán además tocar en ella, salir y entrar por el puerto los agentes o comisionados que el gobierno de Colombia despache para España o para los países extranjeros, y los que reciba.
Art. 10. La plaza de Cartagena tendrá la misma libertad que la de Maracaibo, con respecto al comercio interior, y podrá proveerse de él durante el armisticio para su población y guarnición.
Art. 11. Siendo el principal fundamento y objeto primario de este armisticio la negociación de la paz, de la cual deben recíprocamente ocuparse ambas partes, se enviarán y recibirán por uno y otro gobierno, los enviados o comisionados que se juzguen convenientes a aquel fin, los cuales tendrán el salvoconducto, garantía y seguridad personal que corresponde a su carácter de agentes de paz.
—380→
Art. 12. Si por desgracia volviere a renovarse la guerra entre ambos gobiernos, no podrán abrirse las hostilidades sin que preceda un aviso que deberá dar el primero que intente o se prepare a romper el armisticio. Este aviso se dará cuarenta días antes que se ejecute el primer acto de hostilidad.
Art. 13. Se entenderá también por un acto de hostilidad el apresto de expedición militar contra cualquier país de los que suspenden las armas por este tratado; pero sabiendo que puede estar navegando una expedición de buques de guerra españoles, no hay inconveniente en que queden haciendo el servicio sobre las costas de Colombia, en relevo de igual número de los que componen la escuadra española, bajo la precisa condición que no desembarquen tropas.
Art. 14. Para dar al mando un testimonio de los principios liberales y filantrópicos que animan a ambos gobiernos, no menos que para hacer desaparecer los horrores y el furor que han caracterizado la funesta guerra en que están envueltos, se compromete uno y otro gobierno a celebrar inmediatamente un tratado que regularice la guerra conforme al derecho de gentes, y a las prácticas más liberales, sabias y humanas, de las naciones civilizadas.
Art. 15. El presente tratado deberá ser ratificado por una y otra parte dentro de sesenta horas, y se comunicará inmediatamente a los jefes de las divisiones por oficiales que se nombrarán al intento por una y otra parte.
Dado y firmado de nuestras manos, en la ciudad de Trujillo a las diez de la noche del día veinticinco de noviembre de mil ochocientos veinte.
Ramón Correa.- Antonio José de Sucre.- Juan Rodríguez del Toro.- Pedro Briceño Méndez, Francisco González de Linares. José Gabriel Pérez.-
Tratado de Regularización de Guerra [1]—381→
Deseando los Gobiernos de España y de Colombia manifestar al mundo el horror con que ven la guerra de exterminio que ha devastado hasta ahora estos territorios convirtiéndolos en un teatro de sangre; y deseando aprovechar el primer momento de calma que se presenta para regularizar la guerra que existe entre ambos gobiernos, conforme a las leyes de las naciones cultas, y a los principios más liberales y filantrópicos, han convenido en nombrar comisionados que estipulen y fijen un tratado de regularización de la guerra, y en efecto han nombrado el excelentísimo señor General en Jefe del Ejército Expedicionario de Costa Firme, don Pablo Morillo, conde de Cartagena, de parte del Gobierno español, a los señores Jefe Superior Político de Venezuela, brigadier don Ramón Correa; alcalde primero constitucional de Caracas, don Juan Rodríguez de Toro, y don Francisco González de Linares; y el excelentísimo señor Presidente de la República de Colombia, Simón Bolívar, como Jefe de la República, de parte de ella, a los señores general de brigada Antonio José de Sucre, coronel Pedro Briceño Méndez y teniente coronel José Gabriel Pérez, los cuales, autorizados competentemente, han convenido y convienen en los siguientes artículos:
Art. 1º La guerra entre España y Colombia se hará como la hacen los pueblos civilizados, siempre que no se opongan las prácticas de ellos a algunos de los artículos del presente tratado que deben ser la primera y más inviolable regla de ambos gobiernos.
Art. 2º Todo militar o dependiente de un ejército, tomado en el campo de batalla, aun antes de decidirse ésta, se conservará y   —382→   guardará como prisionero y respetado conforme a su grado, hasta lograr su canje.
Art. 3º Serán igualmente prisioneros de guerra y tratados de la misma manera que estos, los que se tomen en marchas, destacamentos, partidas, plazas, guarniciones o puestos fortificados, aunque estos sean tomados al asalto, y en la marina los que lo sean aun al abordaje.
Art. 4º Los militares o dependientes de un ejército, que se aprehendan heridos o enfermos en los hospitales o fuera de ellos, no serán prisioneros de guerra, y tendrán libertad para restituirse a las banderas a que pertenezcan luego que se hayan restablecido. Interesándose tan vivamente la humanidad en favor de estos desgraciados que se han sacrificado a su patria y a su gobierno, deberán ser tratados con doble consideración y respeto que los prisioneros de guerra y se les prestará por lo menos la misma asistencia, cuidados y alivios que a los heridos y enfermos del ejército que los tenga en su poder.
Art. 5º Los prisioneros de guerra se canjearán clase por clase y grado por grado, o dando por superiores el número de subalternos que es de costumbre entre las naciones cultas.
Art. 6º Se comprenderá también en el canje, y serán tratados como prisioneros de guerra, aquellos militares o paisanos que individualmente o en partidas hagan el servicio de reconocer, observar o tomar noticias de un ejército para darlas al jefe de otro.
Art. 7º Originándose esta guerra de la diferencia de opiniones; hallándose ligados con vínculos y relaciones muy estrechas los individuos que han combatido encarnizadamente por las dos causas; y deseando economizar la sangre, cuanto sea posible, se establece que los militares o empleados que habiendo antes servido a cualquiera de los dos gobiernos, hayan desertado de sus banderas y se aprehendan alistados bajo las banderas del otro, no pueden ser castigados con pena capital. Lo mismo se entenderá   —383→   con respecto a los conspiradores y desafectos de una y otra parte.
Art. 8º El canje de prisioneros será obligatorio, y se hará a la más posible brevedad. Deberán, pues, conservarse siempre los prisioneros dentro del territorio de Colombia, cualquiera que sea su grado o dignidad; y por ningún motivo ni pretexto se alejarán del país, llevándolos a sufrir males mayores que la misma muerte.
Art. 9º Los jefes de los ejércitos exigirán que los prisioneros sean asistidos conforme quiera el gobierno a quien estos correspondan, haciéndose abonar mutuamente los costos que causaren. Los mismos jefes tendrán derecho de nombrar comisarios, que trasladados a los depósitos de los prisioneros respectivos, examinen su situación, procuren mejorarla y hacer menos penosa su existencia.
Art. 10. Los prisioneros existentes actualmente gozarán de los beneficios de este tratado.
Art. 11. Los habitantes de los pueblos que alternativamente se ocuparen por las armas de ambos gobiernos, serán altamente respetados, gozarán de una extensa y absoluta libertad y seguridad, sean cuales fueren o hayan sido sus opiniones, destinos, servicios y conducta, con respecto a las partes beligerantes.
Art. 12. Los cadáveres de los que gloriosamente terminen su carrera en los campos de batalla, o en cualquier combate, choque o encuentro entre las armas de los dos gobiernos, recibirán los últimos honores de la sepultura o se quemarán cuando por su número, o por la premura del tiempo no pueda hacerse lo primero. El ejército o cuerpo vencedor será el obligado a cumplir con este sagrado deber, del cual sólo por una circunstancia muy grave y singular podrá descargarse avisándolo inmediatamente a las autoridades del territorio en que se halle, para que lo haga. Los cadáveres que de una y otra parte se reclamen por el gobierno, o por los particulares, no podrán negarse, y se concederá la comunicación necesaria para transportarlos.  —384→
Art. 13. Los generales de los ejércitos, los jefes de las divisiones, y todas las autoridades estarán obligadas a guardar fiel y estrictamente este tratado, y sujetos a las más severas penas por su infracción, constituyéndose ambos gobiernos responsables a su exacto y religioso cumplimiento, bajo la garantía de la buena fe y el honor nacional.
Art. 14. El presente tratado será ratificado y canjeado dentro de sesenta horas, y empezará a cumplirse desde el momento de la ratificación y canje. en fe de que así lo convenimos y acordamos nosotros los comisionados de los Gobiernos de España y de Colombia, firmamos dos, de un tenor, en la ciudad de Trujillo, a las diez de la noche del veintiséis de noviembre de mil ochocientos veinte.
Ramón Correa.- Antonio José Sucre.- Juan Rodríguez Toro.- Pedro Briceño Méndez.- Francisco González Linares.- José Gabriel Pérez.-
Fuentes:
[1]Gaceta de Caracas, Nº 19, Caracas, 6 de diciembre de 1820, fol. 95.
[2]http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/tratado-de-armisticio-1820–0/html/ff6c3062-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html [recuperado el 27 de noviembre de 2021]
[3] http://www.efemeridesvenezolanas.com/sec/his/id/72/ [recuperado el 27 de noviembre de 2021]
[4]Los efectos del armisticio de Trujillo de 1820 en la sociedad y en la economía de Venezuela  durante las guerras de Independencia. Presente y Pasado. Revista de Historia. Universidad de Los Andes, Mérida. Roger Pita Pico. pp. 91-111.  http://www.saber.ula.ve/bitstream/handle/123456789/46365/articulo4.pdf?sequence=1&isAllowed=y [recuperado el 27 de noviembre de 2021]
[5] El Armisticio de Trujillo. Vólmar Pérez. Diciembre 04, 2020 . https://www.elnuevosiglo.com.co/articulos/12-04-2020-el-armisticio-de-trujillo [recuperado el 27 de noviembre de 2021]
[6] Blog LOS TRATADOS Y LA ENTREVISTA DE BOLÍVAR Y MORILLO https://adalbertoga7.wordpress.com/2015/11/26/los-tratados-y-la-entrevista-de-bolivar-y-morillo/ [recuperado el 27 de noviembre de 2021]
[7] Diario de Bucaramanga. Luis Perú de la Croix pagina 156.
[8]Fundación Empresas Polar. Diccionario de Historia de Venezuela Decreto de Guerra a Muerte .https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/dhv/entradas/d/decreto-de-guerra-a-muerte/%5Brecuperado el 6 de enero de 2022]

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: