1889 Los mejores lápices son amarillos


1889 Los mejores lápices son amarillos. Origen.

Con la decadencia paulatina de las minas de Borrowade, cuyas compañías cerraron en 1891, y ante el inicio de la explotación  en 1856 de las minas de Botogol en la región de Siberia, provincia rusa que comparte fronteras con el noreste del actual Mongolia (anteriormente China), estas pasaron a ser reconocidas como las de mejor calidad del mercado. Los derechos de estas minas fueron adquiridos por su descubridor Alibert, y vendidos exclusivamente a la A.W. Faber, sin embargo se pudo explotar bajo los derechos de Alibert hasta 1862.

Durante la misma época los lápices de la A.W. Faber (luego “Faber-Castell”) eran coloreados con el verde oscuro, lo que permitía resaltar a la vista, además de ocultar imperfecciones en la madera. Esto inspiro el uso de los tonos oscuros a los productores menos importantes de la competencia como el púrpura, el rojo, el marrón, o el negro.

Los trabajos de Joseph Hardtmuth en el desarrollo del núcleo del lápiz con arcilla, paralelos a Conté, le llevaron a crear la L&C Hardtmuth Company de Austria y Hungria que se caracterizaban con lápices de muy buena calidad y de pulido natural que, aunque con acabados perfectos, les impedía resaltar por encima de las demás marcas, por lo que decidió colorear la madera de sus lápices.

Para 1889, en la Exposición Universal de Paris, la Hardtmuth introdujo la marca “Koh-I-Noor”, que se perfilaron como los mejores y más costosos del mundo, inspirándose en el resaltante color amarillo de la bandera Austro-Hungara.

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