1810, El 19 de Abril


Abril 18th, 2011

Con una revolución de ricos comenzó el proceso independentista

Aprovechándose de la crítica situación que vivía España a comienzos del siglo XIX, los ricos de Venezuela -llamados entonces mantuanos- pusieron en marcha una revolución para defender sus intereses de clase social privilegiada, considerando que adquirirían mayor poder político si se desligaban totalmente de la metrópoli española.

El 19 de Abril de 1810 tomó forma la revuelta,  cuando los insurgentes presionaron al entonces capitán general de Venezuela, máximo representante de la corona española, Vicente Emparan, para que enfrentara al colectivo en un cabildo abierto y fijara posición sobre los sucesos de España, donde luego de la invasión por parte de Napoleón Bonaparte, el rey Carlos IV y su hijo Fernando VII habían abdicado, dando como resultado la falta de un gobierno legítimo que siguiera manejando sus colonias.[1]

La consulta popular derivó en absoluto rechazo a Emparan, a quien no quedó otra salida que la conocida frase de “yo tampoco quiero mando”, lo cual dio cabida a la constitución de una Junta Suprema defensora de los derechos de Fernando VII, denominación que no fue más que una mampara de las verdaderas intenciones de los líderes del movimiento autonomista, que quería poner en manos de venezolanos el gobierno de la Capitanía General.[1]

En ese jueves santo 19 de abril, el capitán general Emparan, obligado por los representantes de las seis provincias de Venezuela: de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Mérida, Barcelona y Trujillo, mas no por las provincias de Maracaibo, Coro y Guayana, hizo lo que podría considerarse el primer referendo de Venezuela: preguntó a la multitud enardecida que se encontraba a las afueras del cabildo de Caracas si deseaban que él continuase gobernando. Ante el repudio del público que desconocen el mandato e incitados por los gestos de negativa del canónigo José Cortés Madariaga, el capitán general renuncia a su cargo.[3]

A partir de ese momento quedó oficialmente constituida la Junta Suprema Conservadora de los derechos de Fernando VIII y redactada el acta que consignaba el establecimiento de un nuevo gobierno. Este acontecimiento y los posteriores al 19 de abril de 1810, abrieron paso a la firma del acta de independencia, hecho definitivo para liberar a Venezuela del yugo español.[3]

Los pobres sin derecho al voto

La Junta Suprema surgida el 19 de Abril representó un gobierno provisional carente de independencia, aunque se le apuntan algunas medidas positivas como ciertas reformas en el orden interno, trató de unificar las provincias e hizo gestiones en el exterior buscando apoyo de otras colonias y procurando el reconocimiento de naciones extranjeras. La junta gobernó desde el 19 de abril de 1810 hasta el 2 de marzo de 1811, fecha en que se instaló el Primer Congreso de las Provincias Venezolanas.[1]

En la creación de este congreso siguió privando el dominio de los poderosos, ya que el reglamento electoral condicionó el voto para los hombres libres, mayores de 25 años y propietarios de bienes raíces. Absurdamente las elecciones fueron por demás discriminatorias, negándose el derecho a las mujeres, a los esclavos y a esa gran mayoría de la población carente de propiedades o fortuna.[1]

El hecho de que el pueblo no participara mayormente en los hechos del 19 de Abril, se debe a que las mayorías no tenían conocimiento de los movimientos que en el resto del mundo buscaban libertad y mejores condiciones de vida para todos. Por el contrario, al conocimiento sobre estas luchas, sólo tuvieron  acceso los privilegiados e intelectuales, quienes si se enteraron  y recibieron influencia de lo acontecido en la revolución francesa y la norteamericana.[1]

Antecedentes

Ya en 1808 los mantuanos, el sector económico-social más poderoso de entonces, había generado un movimiento que pretendía constituir una junta de gobierno que rigiese los destinos de la Capitanía General de Venezuela. Estaban apremiados, porque tres o cuatro años atrás, se experimentaba un profundo malestar económico en Venezuela, ya que las guerras internacionales dificultaban el comercio.[1]

No obstante, las agallas de los poderosos se manifestaron en diferencias generacionales, ya que los mayores, con el Marqués del Toro a la cabeza, contrariando a Miranda que planteaba “nuestra salvación e independencia”, lo que querían era mantenerse fieles a la Junta de Sevilla; en tanto que los más jóvenes, que se reunían en la Cuadra Bolívar, eran más dados a la búsqueda de la independencia plena.[1]

La llamada “Revolución de los Mantuanos” convergió en la presentación de un documento en el que se solicitaba la formación de una Junta Central en Caracas, pero los cuerpos de milicias de pardos, leales al gobierno, se opusieron, alegando que la pretendida junta pudiera estar orientada hacia la independencia, en tanto que ellos ofrecían hasta sus vidas en defensa de “Fernando VII y su sabio gobierno de Caracas”.[1]

Dos años después los mantuanos insistieron con el movimiento del 19 de Abril de 1810, el cual, a pesar de no surgir del seno de las clases populares, representó el germen del que nació la Sociedad Patriótica, considerada por el historiador Manuel Vicente Magallanes como el primer partido político venezolano, creado a instancias de Simón Bolívar y Francisco de Miranda.[1]

Sobre Emparan

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Sobre la renuncia de Emparan, la historia trataría con benevolencia al ilustre representante del imperio español.

Es probable que, al nombrar José Félix Sosa, Martín Tovar Ponte, Nicolás Anzola, o Francisco Javier Ustáriz, entre otros firmantes del Acta del 19 de abril de 1810, no se conociera quiénes son, al igual que innumerables venezolanos. Pero, lo que sí recuerdan todos, es el nombre de Vicente Emparan.

Lo que ocurre el 19 de abril de 1810, es que cuando los miembros del Cabildo desconocen al mariscal de campo Emparan como Capitán General de Venezuela, él va a la ventana del ayuntamiento, y le pregunta al pueblo congregado en la plaza mayor de Caracas –hoy Plaza Bolívar- si querían que él siguiera mandando. Al pueblo decirle que “NO”, él dijo entonces “Yo tampoco quiero el mando” … Por esto, ¡pasó a la historia!, como la figura y protagonista más importante y reconocido de los sucesos del 19 de abril de 1810.[2]

Se fue entonces a Filadelfia, en los Estados Unidos, cuna de la revolución estadounidense, y a la postre a su país natal, España.

Quién fue Vicente Ignacio Antonio Ramón de Emparan y Orbe

El Gobernador y Capitán General de Venezuela del Imperio español. No era un advenedizo. Ni un hombre inculto. Era Caballero de la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo. Provenía de la Real Academia Militar de Matemáticas y Fortificación de Barcelona, España, donde egreso como Alférez del Ejército. 20 años después de navegar en la armada española ya era Capitán de Navío.
Más tarde, fue gobernador de Portobelo (Panamá) y después de la Provincia de Nueva Andalucía, (Cumaná).
El naturalista alemán Alejandro de Humboldt escribió que “… Don Vicente Emparan, gobernador de la provincia nos recibió con franqueza y esta noble simplicidad que en todo tiempo han caracterizado a la nación vasca…”

El historiador venezolano Ildefonso Leal escribe de él: “… Es bueno decirlo y recordarlo: Emparan constituye uno de los gobernantes más cultos del período colonial. El prestigioso naturalista alemán Alejandro de Humboldt anota que Emparan amaba demasiado las ciencias, atesoraba estupendos libros, y se interesaba vivamente por la astronomía, y, además, poseía el rasgo notable de la generosidad…”

Fundó pueblos en el oriente venezolano como Santiago del Orinoco, San Vicente de Carapa, San Pedro del Pao, Santa Gertrudis, San Simón de Maqueta, Santa Catalina de Carito y San Jacinto de Úrica, y el Puerto Real en el Golfo de Paria. Construyó hospitales e iglesias en Barcelona y Cumaná, dejándole al hospital general de Cumaná fondos suficientes para su funcionamiento.

Volvió a España durante cuatro años, y a continuación es nombrado, Capitán General de la Provincia de Venezuela y elevado a la jerarquía de Mariscal de Campo, hasta el 19 de abril de 1810.

Pero, no es por quién era que lo recuerdan… Más bien, por dar el paso de renunciar y aceptar la voluntad del pueblo que gobernaba.
Quizás renunció precisamente por ser quien era, por su sabiduría, por su sapiencia, por ser un hombre culto, y experimentado.

[1]TEODORO GONZÁLEZ | el siglo http://elsiglo.com.ve/index.php/2011/04/85426/
[2]Mon, 17/04/2017 – 09:08 Vladimir Gessen / Informe 21 / Diario de Caracas /https://twitter.com/DivanGessen
[3]http://www.venelogia.com/archivos/1534/

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